Viernes, 30 Agosto 2013 00:00

YA MERITO LLEGAMOS...

Escrito por LADY MTOEL
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Dame un beso que haga conocido y otro más para olvidarte como el desconocido que eres...

Amo la ciudad por sus tantas calles que tiene para un fajón, otras para enamorar y otras más para sólo caminar. El metro es uno de mis lugares favoritos uffff si los vagones hablaran...

El lunes iba a una entrevista de trabajo para el puesto de secretaria de un corporativo en Reforma, por lo cual decidí abordar el metrobus para que me dejara más cerca. El calor era insoportable a pesar de ser temprano y de que llovía; no era calor ambiental sino corporal. Mi sudor me hacia sentir rara, un tanto incomoda.


Al usar el metrobus normalmente acostumbro abordar la parte destinada a los hombres, porque es más fácil conseguir lugar para sentarse entre tanto caballero. Además tengo una manía de ir mirando paquetes, para mi es un deleite pensar el tamaño y las medidas de cada hombre.
Casi en la estación Nuevo León el metrobus se lleno y para mi desgracia nadie me había cedido el asiento... Pensé: Ingratos ni porque estoy buenísima¡¡¡.
De repente sentí algo que me rosaba a la altura de las nalgas. Cada vez me apretaban más por la entrada de más personas, pero no me movía ni un centímetro para poder ver quien era el dueño de tan memorable paquete. Mi falda café era corta pero lo suficientemente cómoda para mover las piernas y excitarlo un poco más. Voltee de reojo y mire que era alto, fornido y que iba de traje(seguro era abogado); como dice mi madre: los hombres guapos son aquellos que se bañan, van vestidos de formales y no huelen a cama.

Lentamente me empecé a mover. Al inicio el hombre se saco de onda pero poco a poco fue entendiendo. Puso una mano en mi cadera, en cuanto pudo la metió bajo la falda para sentir mis nalgas. Me empecé a poner nerviosa y cada vez que el metrobus frenaba exageraba el movimiento para rosarle más. Nadie notaba que éramos desconocidos provocándonos placer.

Sabía que estaba super excitado, pero ya había llegado a la estación Reforma, así que no me quedaba más que bajarme. Para sorpresa él bajo también. Ya iba tarde para la cita de trabajo y él... él no se dónde iba.

Noté su pen...a, la erección ya era obvia a la vista. Él pobre no encontraba como ocultarla, no tuvo más que quitarse el saco y cargarlo con la mano para evitar la incomodidad. Lo miré a lo lejos y le lance una de esas miradas que son como GRACIAS POR LA DIVERSIÓN y él pobre se sonrojo.

Uff que rico... otra, otra, otra ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡

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