Domingo, 12 Abril 2015 00:00

El metro

Escrito por ladymotel
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Mi amor por el metro surgió hace mucho tiempo, no sólo por la rapidez del trasporte, sino por alguien que conocí en él. Si cada vagón hablara diría secretos de todos y cada uno que nos hemos subido.


Por lo regular yo tomo el metro en la estación Miguel Ángel o Copilco, la mayor parte del tiempo mientras camino me dedico a ver que pasa alrededor de mí: hombres caminando, parejas besándose, gente pidiendo dinero, mujeres al borde del colapso por un asiento... a veces me distraigo con alguna escena y suelo caerme. A diario pasa algo, algo diferente que puede hacer cambiar nuestra ruta de sentido y hasta nuestra vida.
Hace más de 5 años- cuando iba en la facultad – por la tarde, al salir de la escuela tenia una cita, iba con el tiempo sobre mí, afortunadamente el metro estaba esperándome y justo cuando entré se cerraron las puertas. Cuatro estaciones antes de llegar a mi estación destino vi a un chico de aproximadamente 1.80 m de altura, complexión mediana y eso sí zapatos redondos como a mi me gustan. Estaba como a 20 pasos de mí, sólo le sonreí.
El metro dio un tirón para frenar y nos hizo tomarnos de pasamanos con más fuerza, pero mi mano no sintió el tubo frio sino alguien más de compartía conmigo el mismo pedazo de tubo. Al voltear me quede muda: era él.
Mis sentidos reaccionaron cual científica que soy, analizándolo por completo. Lo primero que percibí fue su olor, luego su mirada y al final y casi como acto reflejo de nuevo su mano. No me dijo nada, no esperaba que dijera algo.
El flirteo siguió durante todo el camino. Bajé en Tlatelolco y él bajó conmigo. Sin hablar nos sentamos a la salida del metro, cerca de los torniquetes, a esperar.
Nadie llego por nosotros. Nos miramos y de repente sin más nos besamos. Salimos del metro como dos pegados por la boca fuimos a un pequeño parque y en el árbol comenzó el faje. Las manos nos empezaron a faltar para tocarnos. Primero el contacto con los brazos y las piernas y luego por debajo de la ropa. No había nadie en el lugar, o eso parecía, jamás salimos de nuestro mundo.
Me dejé llevar por los besos en el cuello, y esos dedos que tocaban mi clítoris con tanta vehemencia.
Mis manos ya habían abierto su bragueta y lo tocaban con suavidad para evitarle el rose del miembro con el cierre. Era grande y ancho, deslizaba mis dedos y la humedad hacia que me excitara.
Los besos y los dedeos llegaban a mi cerebro como un solo estímulo y generaban en mi el deseo de que me penetrara.
Mi celular sonó: era mi él hombre de la cita.
Tomé mi mochila y me despedí del chico del metro.
-Espero verte pronto de nuevo- dijo dándome un último beso en la mejilla.

Caminé de regreso a la estación y de repente pensé "Y su número?, su nombre?"
Regresé corriendo pero ya no estaba.

Mucho tiempo viaje con el anhelo de volverlo a encontrar, y siempre que veo a alguien como él pienso: será que eres tú?

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